Volver a empezar
Sea por razones familiares o por oportunidades profesionales, el cambio de ciudad o país siempre es una aventura vertiginosa colmada de emociones y sensaciones indescriptibles.
USHUAIA
Promesa y desafío
Mi primera experiencia con tan solo 22 años que mediría mi inteligencia, dureza y resiliencia para comenzar una nueva vida en un ámbito duro y exigente.
Encontrarte en un lugar en dónde casi todo estaba por hacerse, la primera gran lección fue la valoración de lo que construyeron los viejos pobladores de Tierra del Fuego, grandes personajes, difíciles de conquistar y de los que había mucho que aprender.
Llegué el 15 de marzo del ’82 y en dos semanas comenzó la guerra, un otoño que no olvidaré, con un invierno que nos transformó a todos los argentinos, y aún más a los que vivíamos en TDF, que testigos de las realidades de una guerra, hechos que la prensa oficial no cubría con el rigor de la información real de lo que acontecía, nos comprometió a entender que se avecinaban cambios profundos y que vivir en Ushuaia nos desafiaba a construir y sumar esfuerzos para consolidar una sociedad forjada por los viejos pobladores NIC (nacidos y criados) en esa tierra mística y mágica.
Cuando bajé del avión sentí el golpe de frío en mi cara, un frío que nunca había sentido en mi vida; era distinto, puro, gélido y echaba humo por mi boca sin tener que fumar, puro vapor helado.
Me fui caminando a través de la pasarela rumbo al centro de la ciudad a la oficina de turismo para ver dónde podía pernoctar porque era ya casi de noche y Coco y Marcela me atendieron y me dijeron que no había ningún lugar porque las pocas plazas de los hoteles estaban todas ocupadas. La única alternativa era alojarme en una casa de familia hasta que supiese qué iba a ser de mi vida: y así fue, me dirigí rumbo a una casa que en los siguientes dos años sería mi hogar y mi familia postiza, por el cariño y el amor que me brindaron. Me llamaban «tigre», nunca supe porqué.
Hacer equilibrio con los recursos con los que contaba y la inserción y adaptación a una nueva sociedad mediría mi madurez y criterio a esa altura de mi Vida.
Pasaban los días y se reducían los recursos para la supervivencia inicial hasta que una oportunidad de trabajo fuese el punto de inflexión para construir estabilidad y calidad de Vida.
Hacía 15 días que había llegado a Ushuaia, una fascinante Ciudad de tan sólo algo más de 9.000 habitantes por aquel entonces.
Salí como todas las mañanas aquel 2 de abril caminando hacia el trabajo que había conseguido. Desde muy temprano, el sol asomaba sobre el este y la calma habitual se rompía por una presencia más acentuada de militares en algunos lugares de la ciudad.
Poco importaba esa imagen en una ciudad que era capital de un Territorio Nacional gobernado por marinos que eran parte activa de una dictadura, pero imprescindibles actores de una sociedad tan austral y lejana en aquellos años.
Camine bordeando la bahía encerrada por calle Maipú y al subir a la calle San Martín, luego de cruzar el cementerio, vi venir algunos infantes de marina (bichos verdes) caminando con uniforme de combate y sus caras pintadas camufladas. Entre ellos el Capitán de Corbeta J.C.G. a quien conocía por haber sido mi jefe en la instrucción durante mi servicio militar en el ’79. Me reconoció, se acercó a mí y me dijo; ¿qué hacés pendejo, te enteraste? ¡recuperamos Las Malvinas!
Mi emoción y estupor vencieron mi tranquilidad de aquella mañana y el tiempo se aceleró metiéndonos a todos en la guerra que gozamos desde el alma y padecimos desde el corazón.
Los días que duró la guerra cambió nuestra rutina ya que la ubicación estratégica de Ushuaia y en general Tierra del Fuego nos trasformaba en un blanco apetecible para la Task Force inglesa que con la complicidad los chilenos operaban desde la primera hora en la Isla de TdF.
Como primera experiencia en una ciudad distinta a Rosario (donde nací) sumada a una guerra, no podía haber un examen de ingreso más riguroso al nuevo y apasionante mundo de viajar y vivir en tal confín con formas de vida desconocidas por mí hasta ese momento.
Continuará…
Gustavo Luis Rachid Rucker
Periodista
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