Rosario inalcanzable

He dejado pasar un tiempo hasta escribir esta nota con mi opinión sobre quizás últimamente la palabra más vista y leída en los medios de comunicación y las RRSS; ROSARIO.

Sin ser cursi debo admitir que los rosarinos compartimos un «ADN actitudinal» que nos caracteriza por nuestra forma de ser y actuar en el mundo.

No hay en el rosarino una actitud conformista, siempre vamos a más, en Rosario, o donde nos toque vivir, estamos vacunados para preservarnos de la nostalgia, pero esos anticuerpos también nos impulsan a superar todos los límites profesionales que nos propongamos.

Si pensamos en cuál es nuestra base “académica popular”, es el barrio, escenario inicial de nuestros primeros pasos rumbo a la sociabilización y filtro selector de amistades y vínculos.

Rosario particularmente en la década de los ‘70 fue mi ciudad en dónde como dice la canción “perdimos la inocencia” de la niñez, algo que cronológicamente es lógico.

Cada día en los ‘70 te permitía darle vueltas a la ciudad, yendo y viniendo, sin apuros, exprimiendo el día al máximo y disfrutando cada instante ya fuese estudiando, trabajando o simplemente “quedando” con los amigos y amigas.

Todo acontecía en calma y cada momento del día tenía su ritmo y encanto en las cuatro estaciones; inviernos con amaneceres y mañanas gélidas yendo al colegio y jugando al Rugby, veranos con tardes tórridas de piletas y río, y atardeceres y noches mágicas en primavera y otoño.

Pero quizás lo que me inspira a escribir unos párrafos es ese inmenso cambio que ha transformado una ciudad que controlábamos, en una ciudad que tiempo después es “inalcanzable”

Las experiencias de cada rosarino se viven de distintas formas y causan reacciones que nos comprometen a “dar la batalla” preservando nuestros valores y tradiciones inculcadas por nuestros ancestros, una maravillosa mixtura de enseñanzas y experiencias que son el resultado de de nuestra herencia genética.

Estos y algunos factores más son los que explican por ejemplo el «porqué Messi», esa personalidad que más allá de sus circunstancias iniciales de una situación límite, ha sido capaz de llegar a donde llegó y testimoniar un sinnúmero de enseñanzas «cuasi estoicas»sobre lo que significa “dar la batalla” usando esos anticuerpos que nos protegen para luchar contra las adversidades o simplemente contra nuestro inconformismo que cada rosarino pueda experimentar.

Como dice la canción; “Rosario es el arte y su condena…

Cuando sabe que la indiferencia lo va a perseguir…

Y como tantas mis manos se hartaron de golpear las puertas.

Y por no derrumbarme, con ellas me tuve que ir…”

Y así luchamos, quedándonos o yéndonos, dos situaciones qué tienen un factor común; ¡siempre “dar la batalla” para triunfar!.

“Pero algo mío se quedó en sus calles

Hay un duende que en las madrugadas canta con mi voz…

Y cruzando Echesortu aquel sueño de mi adolescencia…”

No es cuestión de distancias ni de lugares, lo que heredamos de nuestras tradiciones familiares y experiencias en la ciudad natal, nos marcan para siempre y resultan un verdadero manual de convivencia y supervivencia en cualquier lugar de un mundo, donde los rosarinos “no vemos” barreras.

“La pucha que es difícil la nostalgia

Pero es bueno si puede ayudarte a intentar ser feliz.

Y es tanta la gente y las cosas que uno siente que ama.

Que no existe tiempo ni distancia para estar allí”

Gustavo Luis Rachid Rucker

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