En el Reino de Navarra con un navarro prestigioso con mucha historia y muy querido y valorado en el reino, el pueblo y el barrio

Dicen mis compañeros periodistas y comunicadores que «con Gustavo hay que tener cuidado porque él conoce a todos desde hace muchos años». 

De comunicación política y políticos hablamos y tienen razón.

Ese vasto conocimiento de años de trabajo hoy me inspira a testimoniar que no todo está perdido, que hay modelos y ejemplos, gente de bien que han dado lo mejor de sí, con gran eficiencia, dignidad y humanidad, con resultados fantásticos, y es el caso de Javier Elizalde un navarro prestigioso con mucha historia y muy querido y valorado en el reino, el pueblo y el barrio. 

Su vida ha sido y es un ejemplo en donde todo es posible y se puede gestionar con éxito, hasta los más complejos casos, cuando se trata de comprometerse con la sociedad y entregarse plenamente a servir y resolver los problemas de la gente.

Hoy esa sociedad global ha tocado techo, de aguante y tolerancia, frente a una clase política no solo inoperante e iletrada, sino también impotente para resolver los problemas que tiene la gente y aportar soluciones concretas que no mareen al ciudadano.

La alarmante ola de individualismo que afecta la sociedad global apoyada en nóbeles filosofías de moda, interesados gurúes y tratantes de mentes humanas, está con nosotros socavando los más elementales modelos de convivencia personal y colectiva.

Es tan sólo el «yo» o el «vos», ya cada vez menos el «nosotros», y casi extinguido el «ellos», salvo para endilgar culpabilidades.

Egoísmo, individualismo, cultura del «yoismo», frialdad y distorsión de los verdaderos valores de convivencia, tolerancia, generosidad y entrega humana son algunas de sus consecuencias más típicas.

Una verdadera epidemia inmanente nos cubre con fuertes conductas endogámicas, así, Agustín de Hipona pudo decir que la inmanencia es, precisamente, la propiedad por la que una determinada realidad permanece como cerrada en sí misma, agotando en ella todo su ser y su actuar.

Así estamos, nuevos tiempos, nuevas modas, y una gran vacuidad de generosa entrega y contemplación del «otro», que finalmente es nuestra «razón de ser» para los que pensamos que la donación total del amor, el compartir, el ceder y otras virtudes son un desafío y el único ejercicio que pueden rescatar los valores olvidados, única forma de vivir coherentemente.

Gracias a Javier que con su testimonio y biografía nos muestra que no todo esta perdido y que estamos a tiempo para cambiar, y lo debemos hacer a la brevedad.

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