Lleno de complicaciones, cambios permanentes y con una política represiva en relación a la libertad de contenidos, este canal, ya en caída libre, es la apuesta equivocada de quiénes pretenden hacer comunicación digital.

Hacer historia sería tedioso y largo, tanto como sumarse a una cuenta donde se pide hasta una radiografía de Tutankamón para cumplir con los requisitos, cambios permanentes, plataforma, diseño y reglamentos de uso, han sentenciado a muerte al arcaico canal que ya es reemplazado por otras aplicaciones y canales más modernas, aunque todavía no tan rentables.

Y esa es la razón donde se invitan a seguidores a sumarse a una determinada cuenta, programa, etc., porque lo que se busca es lucrar, hacer dinero a cambio de vídeos, audios, etc. burdas imitaciones de los profesionales video podcast o podcast de audio, más modernos, más rápidos y dinámicos, con menos demanda de conectividad, y artísticamente mucho más profesionales.

Y aquí otro factor clave, la calidad del vídeo y sonido, la creatividad artística para una plataforma ya obsoleta, y la diferencia con la creatividad disruptiva y muy profesional de los nuevos formatos audiovisuales, y artísticos, factores determinantes que los titulares de dichas cuentas no tienen en consideración, ya que solo buscan un canal de difusión, y mayor lucro por la cantidad de suscriptores; de calidad y nivel profesional; ni hablar.

La comunicación digital se ha transformado en una progresión geométrica en cuanto a su dinamismo, pero en comparación YouTube es progresión aritmética, que va a caballo, desbocado y rumbo a un precipicio del que los comunicadores no saben cómo salir, porque las alternativas todavía son demasiado profesionales para el magro conocimiento actual de la verdadera comunicación digital profesional.

YouTube algún día será una anécdota que comenzará a contarse; «yo tuve» un viejo canal de comunicación…

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