Los «Rosarigacinos» de tanto golpear las puertas se tuvieron que ir

Nómades y como dice la canción de Lalo de Los Santos; Rosario es el arte y su condena… Con Pachu y Pablo, somos una generación de Rosarinos que algún día partimos de nuestra amada ciudad.

Nos conocimos, en particular con Pachu, que nos unia el Rugby. Viajamos, trabajamos, conocimos el mundo, pero siempre nos volvimos a encontrar, está vez en la radio; Radio Uno. Nunca podemos hablar mas de un minuto sin reírnos de nuestro vocabulario irónico rosarino, base de nuestro arte para comunicarnos en cualquier momento y lugar.

La pucha que es difícil la nostalgia pero es bueno si puede ayudarte a intentar ser feliz; y es tanta la gente y las cosas que uno siente que ama que no existe tiempo ni distancia para estar allí… y ahí estás, ¡Rosario, sos el sol!, ¡Rosario!.. porque aún no pudiendo abrazarte te siento igual.

Letra de la canción que habla mas de nuestra «nacionalidad rosarigacina» Rosario es el Parque Independencia, un silencio que huele a poesía sobre el Rosedal, es el gris del cemento que arrulla a un río somnoliento que despierta al llegar un domingo de Ñuls y Central.

Rosario es de mercurio en la avenida,
es un viento que peina palmeras en el boulevard y en el centro es la mesa de un bar que añora al poeta
cuyo vuelo a menudo se estrella en un suelo industrial.

Rosario es mi infancia y mis amigos,
mis viejos cantando a dúo alguna canción, mi primer cigarrillo intentando sentirme más hombre
para ver si lograba impactar a mi primer amor.

Rosario es el colegio y las rabonas,
una cita en aquel Sol de Mayo en función matiné, es el ciego Manuel delirando en un mundo de plástico
con la magia que sus ballenitas
suelen poseer.

Rosario es el anochecer de un barrio,
un mendigo que cuenta estrellas
desde algún umbral, el compás de un tambor que siempre sonará en mi alma, donde el Topo Carbone jamás dejará de golpear.

Rosario es el arte y su condena
cuando sabe que la indiferencia
y, como tantas, mis manos
se hartaron de golpear las puertas
y por no derrumbarme con ellas
me tuve con ir.

Rosario es ese invierno en que partimos mi mujer, nuestros sueños, la vida, la música y yo y un dolor que crecía a medida que el tren se alejaba
y unos ojos de almendra tratando de darme valor.

Pero algo mío se quedó en sus calles: hay un duende que en las madrugadas canta con mi voz; y cruzando Echesortu aquel sueño de mi adolescencia que atrapó la leyenda de Pablo, El Enterrador.

La pucha que es difícil la nostalgia pero es bueno si puede ayudarte a intentar ser feliz; y es tanta la gente y las cosas que uno siente que ama que no existe tiempo ni distancia para estar allí.

Y así fue que la paciencia de Floresta me enseñó a ver a través del corazón y me dió un balcón para inventarme un cielo y ahí estás, ¡Rosario, sos el sol!, ¡Rosario!… porque aún no pudiendo abrazarte te siento igual.

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