Bendición de San Juan Pablo II
Su Santidad Juan Pablo ll invocando la abundancia de las gracias divinas otorga de corazón la implorada Bendición Apostólica a María Esther Rücker.
22-3 -1990
Mucho le debe la humanidad al hoy San Juan Pablo II, en particular los argentinos.
A las 9 de la mañana del viernes 11 de junio de 1982, el Papa pisó suelo argentino por primera vez. Juan Pablo II arribó desde Roma a Buenos Aires para una visita de algo menos de 48 horas en condiciones dramáticas para la sociedad argentina: la guerra de las Malvinas estaba en su etapa final. Muchos no lo sabían y el triunfalismo de dictadura se encargaba de ocultar a través de la propaganda pero la rendición era cuestión de días. De hecho, la rendición de Puerto Argentino se produjo dos días después de la despedida de Leopoldo Galtieri a Karol Wojtyla en Ezeiza.

La segunda fue una extensa visita pastoral de seis días en abril de 1987, donde recorrió Buenos Aires y Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario, y allí fue donde mi Madre lo vio por primera vez y quedó impactada asistiendo a la visita del Santo Padre.

Pasaron los años y con su devoción y fe inquebrantable a Juan Pablo II, viviendo en Ushuaia (lugar donde habíamos sufrido la guerra de las Malvinas) colaborando en el Colegio Don Bosco donde se educaron mis dos hijos Jesús y Felipe, a instancias del Monseñor Eugenio Santiago Peyrou, destacado obispo católico argentino perteneciente a la congregación salesiana con una labor pastoral y social que dejó una profunda huella en la Patagonia y en la provincia de Tierra del Fuego, donde fue declarado Ciudadano Ilustre. Le solicité sus buenos oficios para lograr la Bendición Apostólica de Su Santidad para mi Madre como jefa de familia que era en ese momento, ya que mi padre había fallecido en 1979.
Es imposible describir los trámites y el resultado exitoso que tuvo la gestión de Moseñor Eugenio Santiago Peyrou hasta lograr nuestra petición.
Desde la partida de mi Madre, esta bendición que para ella fue su tesoro espiritual, hoy es una herencia que yo atesoro y a la cuál saludo y rezo a San Juan Pablo II todos los días.

Gustavo Luis Rachid Rucker