“Hay personas capaces de destruir su vida para que nadie descubra que les va mal” María, Zabay, escritora y periodista
En el thriller “Miseria”, publicado por Berenice, María Zabay, explora la distancia entre una vida que parece haberlo conseguido todo y lo que cuesta mantener esa apariencia de vida perfecta. Su protagonista, Alonso, habla de poder, de ambición y de cuánto podemos llegar a traicionarnos a nosotros mismos por miedo a perder nuestra posición. Zabay lo ha hecho inteligente, cínico, mordaz y con unas reflexiones tan ácidas como hilarantes. A veces resulta detestable; otras, inquietantemente lúcido. Un gamberro con el que por momentos se termina simpatizando. Queremos hablar con la escritora de esta crítica social descarnada y del brillante thriller económico que ha tejido.
Cuando la prensa, Hacienda y la UCO empiezan a cercarlo, ¿qué intenta salvar Alonso: su imperio o el secreto sobre el que lo ha construido?
Alonso quiere salvar su imperio, pero también la idea que tiene de sí mismo. Con la prensa, Hacienda y la UCO detrás, necesita decidir qué está dispuesto a hacer para conservarlo. Y ahí aparece algo que me interesaba explorar: cómo una persona inteligente puede encontrar razones muy convincentes para tomar decisiones cada vez más destructivas. Alonso tiene esa capacidad, además de una lucidez feroz para señalar las miserias de los demás. Con las propias es bastante más imaginativo. Quería que el lector sintiera esa incomodidad, la de desconfiar de él y, aun así, entender su siguiente paso y quedarse pensando porque la realidad es que entenderlo no significa darle la razón, pero hace mucho más inquietante acompañarlo. Es un poco seguir leyendo con la duda de en qué momento dejará de parecerte razonable lo que está haciendo.
Alonso tiene dinero, poder y posición. ¿Qué le falta para que su historia se titule “Miseria”?
Le falta lo importante: mirarse al espejo orgulloso, con dignidad y paz interior. Alonso tiene muchas cosas con las que solemos medir una vida lograda, pero ninguna le garantiza la tranquilidad que necesita. Cada conquista se convierte en una nueva obligación. Hay que conservarla, exhibirla e impedir que alguien se la arrebate.
El título nace de esa distancia entre poseer mucho y vivir con una sensación de escasez. Me interesaba explorar qué ocurre cuando alguien necesita demostrar constantemente que le va bien y el espacio que le queda para preguntarse cómo está realmente.
Pero el infeliz es un personaje conocido. ¿Dónde está para ti el interés de volver a él?
A mí me interesan especialmente las personas que participan en su propia destrucción, mientras creen estar protegiéndose. Hay una contradicción muy fértil literariamente ahí: querer salvar una posición y tomar decisiones que la vuelven cada vez más frágil. No basta con decir que alguien tiene un vacío interior. La pregunta es qué hace con ese vacío y quién acaba pagando sus intentos de llenarlo.
Un protagonista corrosivo al límite que arranca diciendo “El día que murió mi padre, yo estaba derramando mi simiente en una becaria con mirada de hambre, escogida más por su complacencia que por su carne. No fue amor; ni sexo, ni deseo. Fue soberbia, hastío; una mugre ceremonial que apenas me mantuvo erecto mientras el móvil vibraba con la noticia”.
Alonso no tiene filtros. El lector está en su cabeza. Vive y piensa con él. Quería que desde la primera página el lector supiera en qué cabeza se estaba metiendo. Alonso es arrogante, obsceno, cruel y a veces profundamente desagradable. No pretendía que el lector lo aprobara, lo que me interesaba es que no pudiera dejar de escucharlo.
Lo verdaderamente inquietante de ciertos personajes es descubrir que, aunque nos repugnen, nos interesa saber qué harán a continuación.
¿Qué te resulta más inquietante de alguien como Alonso: su ambición o su miedo?
El momento en el que se confunden. La ambición puede impulsarnos a conseguir algo, a asumir riesgos, a salir de una situación que no queremos, pero también puede convertirse en una manera de huir; conseguir una cosa más para no tener que mirar aquello que nos incomoda.
En Alonso me interesa esa frontera; cuando sigue deseando algo y cuando necesita conseguirlo porque ya no sabe quién sería sin ello.
En Miseria, los personajes no sólo se enfrentan a sus contradicciones, también a operaciones financieras, investigaciones, relaciones de poder, despechos y traiciones. ¿Qué es más peligroso para Alonso?
Sus propias decisiones, sin duda. A los enemigos al menos los tiene identificados. Sabe que pueden mentirle, traicionarlo o intentar hundirlo. En cambio, él nunca se había considerado una amenaza para sí mismo. Alonso es capaz de desentrañar una operación financiera complejísima, pero cuando se trata de su vida pierde toda capacidad de decidir con lucidez. Si bien es cierto que el documento que descubre al morir su padre es una bomba con cuenta atrás capaz de reventar su vida entera.
Acabas de revelar que al morir su padre, Alonso descubre un documento que amenaza con reventar su vida. ¿Qué puedes adelantarnos sin desvelar el secreto?
Que la muerte de su padre abre el problema que Alonso habría preferido no tener que afrontar nunca.
Has dicho que sus miedos se parecen a los nuestros, pero él tiene miedo a perder un imperio y la mayoría sólo una casa.
Cierto, pero eso sólo muestra que cambia la escala, no los miedos. Perder una casa puede comprometer la seguridad básica de una persona; tener miedo a perder poder, no te coloca en esa misma situación. Pero sigue siendo miedo a perder lo que uno tiene. No obstante, la cercanía que busco no es económica, sino emocional, me refiero al miedo a dejar de ser, quien creías que eras; el miedo a perder reconocimiento; a que cambie la mirada de los demás hacia ti, a que te dejen de querer; a que dejes de ser atractivo… Podemos reconocer ese mecanismo sin equiparar las circunstancias ni disculpar las conductas. El miedo explica a Alonso; no lo absuelve. Y esto mismo nos ocurre a todos. Loss miedos que nos anegan pueden justificar actuaciones, pero nunca exculpar.
¿Por qué nos atrae tanto mirar detrás de una vida aparentemente perfecta?
Por curiosidad, desde luego, pero creo que también buscamos comprobar si lo que admiramos existe de verdad. Siempre vemos el resultado que coloca a esa persona en un podio y el coste suele quedar fuera. Olvidado. Me interesa entrar ahí sin dar por hecho que detrás de todo éxito hay una mentira. A veces hay esfuerzo y satisfacción; otras veces hay una vida organizada alrededor de algo que ya no produce ninguna de las dos cosas. Lo que me parece más inquietante es cuánto se puede tardar en admitir esta realidad.
¿Qué te parece más difícil de hacer creíble: una operación empresarial o una persona que insiste en prejuzgarse?
Son dificultades distintas. Una operación empresarial exige precisión para que encajen cada una de las piezas, una conducta exige que el lector entienda lo que se debate dentro del personaje, que llegue a empatizar con él. Eso me fascina. Es muy interesante hurgar en la complejidad de la mente, ahí sin duda está el punto más difícil. En este caso entender por qué sigue donde está amargado, y es muy complejo comprenderlo y observar que normalmente la destrucción viene por un “esta vez es necesario “, por un “después lo arreglo“ o por un “no tenía otra opción”. Puede ser fascinante esa distancia entre lo que hacemos y lo que nos contamos.
¿Por qué esa necesidad de Alonso de mantener el escaparate?
Creo que esa necesidad podemos reconocerla en situaciones bastante corrientes del día a día. Para empezar en el propio Instagram, pero también en el trabajo, en el barrio, con la familia. A todos nos cuesta admitir que algo que hemos elegido ya no nos hace bien y que hemos dedicado muchos esfuerzo a conseguirlo, sobre todo si los demás lo admiran. Eso no significa que todos seamos Alonso, significa que quizá entendemos mejor de lo que nos gustaría la tentación de mantener una imagen y sostenerla como un estandarte. Admitir esto nos obliga a hacernos una pregunta muy incómoda: la de cuanto de lo que mantenemos, lo queremos todavía y si nos atrevemos a soltar.
¿Hasta qué punto confundimos el éxito con el mérito?
Ser conscientes del mérito exige mirar cómo se ha conseguido el éxito. Con frecuencia vemos una fortuna, un cargo, una posición, una portada en el periódico, pero eso no nos cuenta por sí solo qué capacidades, qué esfuerzos o qué decisiones hay detrás. También puede haber oportunidades que otros no tuvieron, o privilegios de partida. Eso no invalida cualquier éxito, pero sí obliga a examinarlo con rigor antes de admirarlo. En Alonso me interesaba esa distancia entre la posición que ocupa y lo que ha hecho y hace para merecérsela. Además, una persona puede ser muy inteligente y muy eficaz, y utilizar esas capacidades de una manera destructiva, por eso creo que la pregunta no es únicamente hasta dónde has llegado, sino cómo has llegado, quién ha pagado el precio y cuál ha sido. Y también qué estás dispuesto a hacer cuando conservar tu posición exige traicionar aquello que supuestamente ers.
Habrá quien te considere nihilista…
Si ser nihilista es no compartir los valores de hoy, entonces ahí estoy. Pero ¡vamos!, que no creo que denunciar unos valores implique no creer en ninguno. Yo creo en la gente que piensa, siente y actua en consecuencia; en la gente que no se conforma, incluso cuando le cuesta caro. No en el repertorio de consignas que algunos han establecido para guiarnos en “una vida de progreso” entre las que reinan los “se supone que”; los “nada importa”, los “piensa en ti” y los “triunfa”. Sobre todos, los “triunfa”, sin preguntarnos para qué ni a costa de quién.
¿Qué te gustaría dejarle al lector?
Me gustaría que el lector se divirtiera, que tuviera el impulso de pasar páginas y que, de vez en cuando, se sorprendiera dándole la razón a alguien a quien jamás invitaría a cenar a su casa ni siquiera a un restaurante con cuarenta personas. Y, sobre todo, que cuando cerrara el libro se preguntara si de verdad somos tan distintos de Alonso como nos gusta creer.
Redacción AC